Acompañamiento en la enfermedad
La enfermedad puede colocarse en ocasiones como una amenaza que proviene de nosotrxs mismxs, de nuestro propio cuerpo hacia nosotrxs.
No todos los diagnósticos se sienten de la misma forma, a veces son abruptos y te frenan en seco y otros te alivian tras un largo recorrido.
En mi experiencia profesional he aprendido respetar que no hay que ser “fuerte” todo el tiempo y a poder ir hacia un lugar que nos mantenga en equilibrio.
Como especialista en Psicooncología y enfermedades crónicas, entiendo que, tanto la enfermedad como la calidad de vida son una vivencias individuales e intransferibles para cada persona, y aunque el acompañamiento social y colectivo es clave en el apoyo y entendimiento de lo que está pasando, necesita del espacio y el respeto de lo propio no intentándolo encajar en las experiencias de los demás.
Convivir con un cuerpo que duele desordena nuestra forma de vivir, nos cambia y nos pone en frente la búsqueda del sentido de la vida.
Cuidar es un acto de amor inmenso, aunque también puede llegar a ser un camino de soledad y de agotamiento.
A veces, cuidar, se siente como andar sobre cáscaras de huevo. Aparece la exigencia continuamente y frases perpetuadas en nuestra propia historia vital como “no puedo fallar(le)”, “tengo que dar todo de mi”, “tengo que salvarle” y algunas otras.
Todo esto conduce a que poco a poco nos vayamos desdibujando y que el cuerpo tenga que gritar para que nosotrxs podamos oírle, acabando en trastornos de ansiedad o depresión.
No se trata de no cuidar, se trata de cuidar con presencia y honestidad, también y sobre todo para nosotros mismxs.
